Los argentinos y el fútbol: un sentimiento que sorprende, contagia y enoja a la afición mundial

No importa si es Rusia, Catar o Estados Unidos, donde llegan los hinchas argentinos invaden el Mundial de fútbol. Son,  indiscutiblemente, un fenómeno cultural de los últimos  torneos mundialistas, con un carisma pasional, alegre y multitudinario que no pasa indiferente. Incluso a horas de la final las hinchadas extranjeras se han dividido entre los que aman o odian a Argentina y no solo por su fútbol.

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Radiografía del “carisma”argentino

Multitudinarios: Es lo que se ha visto en los estadios donde jugó Argentina. En muchos partidos parecían llenar casi el 80 % del público. Y no hablamos solo de los que estaban dentro de los estadios, sino también de quienes se quedaban afuera por no conseguir entrada y que copaban las zonas de Fan Fest antes, durante y después de cada encuentro. ¿Y qué decir de los increíbles banderazos, con asado incluido, que sorprendieron a la prensa norteamericana e internacional.

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Ruidosos y alegres : A la hinchada argentina nunca le faltan el bombo ni las canciones. Cada Mundial tiene su himno, y todos lo aprenden: niños, jóvenes y abuelos. “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”, de La Mosca, sigue siendo la canción más popular de la Selección, aunque en muchos estadios se canta con pequeñas adaptaciones para esta Copa. Incluso apareció una versión española adaptada a su selección.

Otra de las que más fuerza tomó este Mundial es “La Cuarta Estrella”, inspirada en el clásico No me arrepiento de este amor, de Gilda, que expresa el deseo de conquistar la cuarta Copa del Mundo. También se escucha “Selección, yo te sigo”, un tema reciente del artista Luqiano, compuesto especialmente para alentar al equipo de Lionel Scaloni durante el Mundial 2026.

Empáticos y cariñosos: hay algo que nadie puede negar: los argentinos tienen una enorme capacidad para conectarse con los demás y con su entorno. Hacen amigos con facilidad, se abrazan con desconocidos como si se conocieran de toda la vida y, después de cada partido, la Selección parece una gran familia que no deja de abrazarse.

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También conectan rápidamente con la multitud para iniciar un canto o un grito de aliento, y tienen una rapidez única para transformar cualquier situación en una broma. Nadie olvida cómo nació en Catar 2022 el famoso canto de “la abuela… la, la, la”. Este año, en Estados Unidos, tampoco decepcionaron: hicieron bailar a  los policías norteamericanos, saltaron abrazados con el Alcalde de Kansas  cantando : “El alcalde es argentino!”. Otra escena inolvidable  fue cuando un joven argentino perdió su billetera al salir del estadio. Miles de argentinos comenzaron a cantar  su nombre hasta que finalmente  el chico apareció,  épico.

Sensibles: Los argentinos ganan un partido y lloran todos. Lloran los jugadores, llora Lionel Messi, llora Leonel Scaloni, lloran los relatores, los periodistas y  el 80 por ciento del estadio. Y esa emoción se replica en todo el país.

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Es difícil no conmoverse viendo un partido rodeado de argentinos. Quizá ese sea uno de los mensajes más fuertes que transmiten al mundo, especialmente en las  culturas  anglosajonas donde expresar las emociones suele estar menos visto . Para los argentinos, mostrarse vulnerables no les da vergüenza; al contrario, los hace más humanos, cercanos y queribles.

Familieros: tradicionalmente, los mundiales reúnen sobre todo  a un público de  hombres o parejas adultas. Sin embargo, en las tribunas argentinas siempre sorprende la enorme cantidad de familias: bebés, niños, adolescentes, padres y abuelos vitoreando juntos.

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Aunque en Argentina el fútbol siempre fue un plan familiar, pocos imaginaban que, con los costos de un viaje de esta magnitud, viajaría tanta gente de  diversas provincias y localidades de Buenos Aires y, especialmente, tantos chicos. Quizá en algo habrá influido el ejemplo de los propios jugadores de la Selección, que llegan a los mundiales acompañados por sus esposas, hijos, padres y hermanos. Al finalizar los partidos, es habitual ver a los hijos de los jugadores entrar a la cancha  y  jugar al fútbol como si estuvieran en el jardín de su casa, algo  muy poco común de ver en torneos de esta magnitud.

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Creyentes : Argentina reza. Lionel Messi ha dicho en numerosas entrevistas que jugar al fútbol es un don que Dios le regaló. Por eso resulta habitual verlo mirar al cielo y persignarse después de convertir un gol.

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Lo que este año llamó especialmente la atención fue ver a otros  miembros del equipo tirarse agua bendita  en  las piernas antes de entrar a la cancha como  Cuti Romero y Lisandro Martínez o ponerse  una estampita de la Virgen de Luján en las media como lo hizo Lautaro Martínez. Pero la fe no se limitó al equipo argentino ya que en este mundial 2026, curiosamente hubo muchas expresiones de fe en la cancha  de parte de  otros equipos como Brasil  con Neymar que se hincó en  oración en medio del campo cuando su equipo fue eliminado. Y la selección anfitriona de Estados Unidos que después de cada partido hizo una oración grupal, insólito.

El amor y odio por los argentinos

A esta altura no hay duda que todo este todo este tsunami albiceleste  alegre, pasional, y luchador ha generado  sentimientos  encontrados  en la afición mundial.  Hay que entender que los argentinos se comunican desde la  emoción, y no desde la información. Los  sentidos son su cable a tierra.  Se miran a los ojos,  observan, se tocan un montón y charlan mucho.  Se toman su tiempo para largas conversaciones alrededor de un mate. No viven con miedo al ridículo.

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Eso les permite construir vínculos más sanos y profundos con sus familias, con sus amigos y con sus ídolos ,  a los que quienes sienten muy cercanos porque se comportan igual. Esa forma de vivir los convierte en una sociedad resiliente, positiva, con una enorme capacidad para disfrutar y sobreponerse en los momentos difíciles y eso en otras culturas más cerradas, les molesta  y mucho.

Por una parte están los detractores. Hinchadas  cuyos equipos perdieron con Argentina y prensa  que los acusan de estar confabulados con la FIFA ( Federación Internacional del fútbol) para darle el Mundial a Messi  que ya tiene 39 años y está cerca de su retiro. Y  están los fanáticos, influencers, ex jugadores, periodistas e hinchadas  que no aceptan que Argentina gane otra copa mundial, que odian a Messi por ser tan bueno,  o que  simplemente no comprenden el fanatismo por el fútbol que tiene este país.

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Por el otro un lado, toda una porción del planeta futbolero que ama e imita a la hinchada argentina como se ve en países con Bangladesh o Filipinas.  No en vano el amor de los argentinos por su camiseta los hizo cruzar miles de kilómetros para acompañar a su selección. Llenaron las ciudades sede y los estadios de emoción y algarabía, dándole vida y fiesta a este mundial. Pero hay otra gran porción mundialista internacional  que sigue Argentina solo por que aman a Messi por su don. Estos se han vistos sorprendidos por  la actitud de los otros jugadores argentinos que a puro corazón  y garra  han dado vuelta partidos perdidos,  con goles increíbles en los últimos 80 minutos.

Con esto  la selección  argentina ha dejado claro que no todo depende de Messi sino  que hay un verdadero equipo y que no todo es técnica  y físico en el fútbol. Esta selección ha dado ejemplo de que los partidos también se ganan  por el amor a la camiseta de tu país, por la lealtad a tu jugador estrella y por tus compañeros  y  una loca e incondicional hinchada.  ( No se pierdan los links de la nota son imperdibles)

 Texto: Claudia Echeverría   (periodista, directora de Valorar Magazine)

Valor de la nota:  Resiliencia y amor por su camiseta.   El Mundial volvió a mostrar la mejor versión de los argentinos. No es casual que una de las frases que más los representa es  “Elijo creer”. Una expresión que resume esperanza, confianza y la decisión de luchar hasta el final, sin importar quién esté enfrente. Este carisma  hace que quienes no nacimos en Argentina sintamos admiración  por su positivismo y pasión. Y nos da ganas de imitarlos, ser amigos, o  ser argentinos…

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