Por Claudia Echeverría B
Luego de ver las imágenes en los medios de la visita del Papa León XIV a Francia recientemente, y de empezar a conocer lo que implicará su venida a Argentina, me animo a decir que las giras papales no pasan indiferentes para nadie en la población de un país, seas o no creyente.
Y me puse a reflexionar sobre el por qué de su impacto y llegué a cuatro conclusiones que voy a intentar retratar con datos objetivos y algo de opinión.

1. Las visitas papales son un hecho histórico
Históricamente, los Papas permanecieron de manera casi ininterrumpida en Roma o en los Estados Pontificios durante los primeros cinco siglos del pontificado. La práctica de los viajes apostólicos al exterior, en sentido moderno, es un fenómeno del siglo XX que se ha vuelto parte de la historia universal.
Los viajes apostólicos se refieren a visitas oficiales a un país extranjero, con un programa pastoral, ecuménico o diplomático.
El pionero en este tipo de viajes fue el Papa Paulo VI, quien, en enero de 1964, realizó un histórico viaje de peregrinación a Tierra Santa, visitando Jordania e Israel y rompiendo con siglos de tradición. Paulo VI fue el primero en visitar el hemisferio occidental, África,Oceanía y Asia. Y fue el primer pontífice en pisar suelo latinoamericano al viajar a Colombia en agosto de 1968.![]()
Pero, sin duda, la máxima expresión de las giras papales y quien las consolidó por su magnitud fue el Papa Juan Pablo II. Durante su pontificado viajó más kilómetros como Papa que todos sus predecesores, y como resultado, fue visto por más gente que cualquier otra persona en la historia. Recorrió 1.200.000 kilómetros, lo que supone 29 veces la vuelta al mundo y más de tres veces la distancia entre la Tierra y la Luna.
Luego vino Benedicto XVI, quien realizó 24 viajes apostólicos y visitó 24 países en los cinco continentes.
Por su parte, el Papa Francisco realizó 47 viajes internacionales. Visitó 66 países en los cinco continentes y fue el Papa que reunió a más personas en un solo evento: una misa con 6 millones de personas.
En tanto el Papa León XIV, recién asumido a fines de 2025, ha realizado hasta la fecha cinco viajes apostólicos internacionales, visitando nueve países y tres continentes: Europa, Asia y África. Y próximamente, en noviembre, visitará por primera vez, siendo papa, el continente americano, más precisamente Sudamérica, viajando a Uruguay, Argentina y Perú.
2. Son un fenómeno de masas

Nadie en el mundo congrega a tanta multitud de gente, en un momento determinado y de forma voluntaria, en las calles, estadios y lugares públicos. Nadie congrega una variedad tan amplia de personas en cuanto a edades, razas e idiomas.
Según un ranking existente, el evento más multitudinario de un Papa fue en Manila, Filipinas, en 2015, con el Papa Francisco, que reunió a seis millones de personas. Juan Pablo II, en 1995, también en Manila, reunió, según Vatican News, a no menos de cinco millones.
En América Latina, el récord fue el Encuentro Internacional de la Juventud (JMJ) de Brasil, con Francisco, con 3,7 millones de personas. En Argentina, en 1985, la misa de Juan Pablo II en el Monumento de los Españoles que congregó a más de un millón y medio de personas.
3. Son de impacto periodístico mundial

Es un hecho que las giras papales se reproducen en la mayoría de los informativos del mundo, tanto en medios escritos como televisivos y radiales.
No en vano, el Papa viaja con cerca de 80 periodistas en el avión papal, provenientes de diversos países, estén o no acreditados en el Vaticano. Además, se acreditan en las salas de prensa internacional de cada visita un promedio de entre 1.500 y 2.000 periodistas.
Además considerando que estamos en una era digital, no podemos dejar de hablar de la multiplicación de las imágenes y los videos a través de las redes sociales, que se reproducen infinitamente. Y si sumamos a esto las fotos, audios o videos que cada persona que asiste al evento envía o replica de manera particular, la cifra de difusión, hoy por hoy, no es cuantificable.
4. Es un fenómeno espiritual con consecuencias

Obviamente, la visita de un Pontífice es un evento de orden espiritual, ya que el Papa es el líder y pastor de la Iglesia Católica y, por tanto, va al encuentro de su grey. E invita a quien quiera escucharlo, con el deseo de transmitir el mensaje de Cristo y de conocer y compartir la fe, los sacramentos y la oración.
Hasta ahí, todo normal. Pero lo que más me sorprende son los efectos espirituales que el Papa genera en las ciudades que visita, antes, durante y después.
En la previa se genera un clima de esperanza, como el que se vive en Argentina, de que algo muy lindo y profundo va a pasar. Durante la visita se vive, en cambio, el fervor, la emoción y los llamados a la reflexión. Y después se pueden ver los efectos de la visita: puede surgir en un creyente tibio el deseo de volver a practicar los sacramentos, o el llamado a regresar a casa para aquel que estaba muy alejado. Incluso puede producirse la conversión inexplicable de alguien que no creía en Dios.
Creo que el ejemplo más actual de esto que describo es lo que acaba de ocurrir el fin de semana pasado en Francia, con la visita pastoral del Santo Padre León XIV.
El impacto que ha causado en el mundo ver a multitudes de personas de todas las edades salir a las calles para participar de las misas y los eventos del Papa León XIV resulta sorprendente: un hombre a quien hace apenas un año nadie conocía y, menos aún, en Francia, el país más ateo de Europa.
Una postal del renacimiento de la fe en Francia
Francia es un país en el que está prohibido que un funcionario lleve una medalla de la Virgen, donde no se enseña religión en la escuela pública y donde solo el cinco por ciento de la gente acude a misa. Una mayoría no se bautiza ni sabe prácticamente nada del cristianismo, según afirma la prensa.
En ese contexto llegó el papa norteamericano León XIV a París, tras 18 años desde la última visita de un pontífice. El último Papa en pisar suelo galo fue Benedicto XVI, en 2008.
El viernes, primer día de su visita, tuvo un protocolar y frío encuentro con el presidente Macron, toda una señal de ambas partes. Más tarde, el Papa León se reunió con los jóvenes en el Stade de France y el mundo vio imágenes sorprendentes que no condicen con lo que se esperaba de una Francia agnóstica.
La periodista española Cristina López, de COPE, hizo una síntesis imperdible de lo que estaba pasando en Francia y que la mayoría desconocíamos:
“El viernes en el estadio se vivió un espectáculo inesperado. 80 mil jóvenes llenaron el Stade de France para cantar con el Papa el Regina Caeli, un canto a la Virgen. En la última Pascua, los bautizos de adultos se duplicaron respecto al año anterior y miles de personas entran de repente a las iglesias sin saber ni una palabra de historia sagrada para preguntar por la religión de sus mayores y pedir que los bauticen. Obviamente no es la mayoría, Francia es mayoritariamente laica, pero es el signo de un renacimiento de la Iglesia Católica que entronca con las raíces de Europa”, afirmó.
En ese encuentro, el Papa les habló claro a los jóvenes: “Para nosotros vivir es Cristo. Dios no es indiferente al ser humano”. Y los increpó: “¿De dónde viene la verdadera libertad?”. Y respondió: “De una relación viva con Jesús y con la verdad”, afirmó.
También les habló de ser valientes al promover la fe y habló directamente de la ansiedad con la que vive la juventud. Les dijo que no escondieran esas fragilidades: “Que la ansiedad no los paralice, sino que la conviertan en fuerza, en una oportunidad para ayudar a otros y ser testigos de la esperanza”.
En el encuentro, un grupo de voluntarios recreó uno de los momentos más emotivos de la gira, que conmovió al Papa hasta las lágrimas. Un desfile de jóvenes disfrazados recordó a los 1.700 santos y figuras históricas de la cristiandad francesa. Un legado espiritual que, sorprendentemente, parecía borrado de la actualidad de las últimas generaciones de jóvenes.
Otro dato sorprendente fue la misa en París, en la Plaza de la Concordia, hasta donde llegaron más de 800 mil personas.
Antes de la misa, León XIV recorrió los Campos Elíseos en el papamóvil, rodeado por una multitud. Otra imagen impactante fue ver a gran cantidad de gente confesándose en las veredas de las calles parisinas, algo insólito.
La ciudad de Lourdes tampoco se quedó atrás, con una muestra multitudinaria de devoción silenciosa y profunda a la Virgen María durante la tradicional peregrinación de las velas por la noche.
En Lourdes, el Papa rezó en silencio frente a la gruta de la Virgen María y luego se explayó, poniendo el acento en la dimensión más espiritual y pastoral de su viaje.
Habló de la devoción a la Virgen María como el mejor camino para llegar a Cristo. También se reunió con siete sobrevivientes de abusos cometidos por miembros del clero francés. Escuchó sus testimonios y reafirmó el compromiso de la Iglesia en la prevención de nuevos abusos. Este encuentro tuvo especial importancia por el impacto que tuvo en Francia el informe de 2021 sobre los abusos sexuales en la Iglesia.
En tanto, en Metz, el tono cambió. León XIV llevó su mensaje desde el ámbito principalmente religioso hacia una reflexión sobre Europa, la paz y la convivencia entre pueblos y religiones.
En síntesis, en París le habló a todos los franceses, creyentes o no, del peligro de la deshumanización por el mal uso y abuso de las tecnologías y de la inteligencia artificial. Y habló del impacto en la salud mental de los más jóvenes. Reafirmó la postura de defensa de la vida, rechazando el aborto y la eutanasia, y llamó a la defensa de valores cristianos arraigados en los orígenes de Francia.
En Lourdes le habló al clero. Puso el foco en la vida, la dignidad humana y el cuidado amoroso de los más vulnerables. Se pronunció sobre la dolorosa lacra de los abusos cometidos por miembros del clero francés y pidió verdad, justicia, reparación y máxima vigilancia.
Y desde el avión de regreso a Roma reafirmó ante los periodistas que “la Iglesia tiene una responsabilidad particular en la sanación de las víctimas”.
Finalmente, en Metz, le habló indirectamente a los conflictos en Europa, no por nada una ciudad cercana a la frontera con 3 países: Alemania, Bélgica y Luxemburgo. El Papa llamó a Europa a convertir las heridas y divisiones en puentes de paz, diálogo y unidad.
En síntesis, para mi lo más impactante del viaje a Francia fue darme cuenta de que la fe católica no estaba muerta en Francia.Ver cientos de miles de personas por las calles de París esperando ver el papamóvil fue algo que no esperaba ver en una país tan agnóstico. Imposible no recordar lo que pasó en los Juegos Olímpicos de París 2024, con el nefasto espectáculo de presentación y cierre, promoviendo un mensaje influenciado en un progresismo de izquierda exacerbado y agraviante hacia la fe católica con una parodia de la Ùltima Cena aberrante.

En fin, en este viaje se vieron señales de esperanza, de un retorno posible de la fe cristiana en Francia , de la mano de una nueva generación de jóvenes que van a las iglesias preguntando por la fe católica de sus abuelos.
Definitivamente Voltaire se equivocó.
Claudia Echeverría Botta
Periodista | Directora de Valor Magazine y Dir Prensa y Comunicaciones Faro Films