¿Alguna vez fuiste a una feria de emprendedores donde las marcas de los stands eran: “Salve María”, “Creo”, “Peregrinas”, “Agnus Dei”, “Pega tu fe”, “De dos en dos” ,“Sardine”, “Amar creyendo”, “De barro”, “Magnificat” , “Las Marías” entre otros. Y donde recorrías el lugar lleno de gente, pero en un clima lleno paz, escuchando de fondo cantar a Athenas?
Eso fue lo que se vivió en la primera Feria Católica de artesanos y emprendedores, que se realizó el 22 y 23 de agosto en las barrancas del Colegio Marín, en San Isidro, provincia de Buenos Aires.
Fueron dos días “bendecidos” por el sol, que reunieron a 90 emprendedores en 72 stands —algunos compartidos—, donde se ofrecieron artículos religiosos de los más variados y originales, pensados para fortalecer la oración y promover la fe.
El público fue de lo más variado. Muchas familias, grupos de jóvenes, niños pequeños, matrimonios. También sacerdotes y consagradas de diversos carismas.
Un proyecto nacido de la oración
La idea de reunir a los artesanos y emprendedores católicos nació de la oración de una joven durante la Semana Santa. Se trata de Lucía Astarloa, (foto: de chaqueta amarilla) de San Isidro, diseñadora de indumentaria y ambientación, con veinte años de experiencia en la organización de eventos.

“El año pasado, estando en oración, empecé a tener una moción del Espíritu Santo de armar un proyecto para Dios. Un proyecto laboral con sentido. Sabía que tenía que tener relación con productos católicos, que siempre me han encantado. Pensé en poner un local y, cuando empecé a ver la variedad que había en el mercado y que muchos de esos productos no tenían visibilidad, sentí que mi misión era visibilizar lo que ya había, que era enorme, variado y muy lindo”, contó Lucía a Valorar Magazine.
“Ahí empecé a darme cuenta de que estaban muy solos, que no había una comunidad, una red que los sostuviera y acompañara. Para ellos era difícil vender porque sentían que evangelizar y vender eran cosas contradictorias. Por eso sentí que tenía que armar algo para dar a conocer estos productos que ayudan a rezar a poner a Dios en la vida cotidiana”, afirmó Lucía. Con esa intención, armó un equipo de colaboradores, muchos de ellos voluntarios, y abrió una cuenta de Instagram para convocar a los emprendedores. La respuesta fue sorprendente y rápidamente se completó el cupo de stands.
Una feria con curaduría y variedad
Llegaron artistas, artesanos y emprendedores adultos y jóvenes, congregaciones, editoriales y grupos parroquiales. Algunos viajaron desde Salta, Tucumán, Mendoza, Paraná, Venado Tuerto, Córdoba y CABA, e incluso desde Paraguay.
El equipo organizador realizó una curaduría de los productos. La intención era seleccionar a los expositores teniendo en cuenta no solo sus productos sino también, a las personas detrás de cada iniciativa.
Priorizaron la buena calidad, la belleza y el carácter exclusivamente católico de las propuestas. También buscaron la diversidad de rubros y que no se limitara a imágenes, joyería e indumentaria.
Hubo de todo: juegos para niños y adultos con temática religiosa, cuadernos de oración, joyería, rosarios, stickers, carteras, cartucheras con mensajes de fe, libros, cuadros, imágenes para la casa, el jardín y artículos religiosos realizados en cuero, madera, crochet, cerámica y metal, indumentaria con mensajes de fe y numerosos artistas plásticos con diferentes estilos.
Detrás de cada emprendedor, una historia de fe

Desde el comienzo llamaba la atención la alegría que se veía en los stands. Y no necesariamente por las buenas ventas —que, según pudimos saber, fueron muy buenas en general—, sino por las conversaciones que surgían espontáneamente entre familias y amigos sobre su espiritualidad y sus búsquedas.
También se generaban charlas entre compradores y expositores. Algunos contaban por qué buscaban una determinada advocación, mientras que los emprendedores compartían qué los había llevado a animarse a emprender con productos con mensaje de fe.
Y allí apareció uno de los grandes descubrimientos de la feria: detrás de cada emprendedor católico hay un “potencial catequista”. Puede ser una persona, un matrimonio o un grupo de amigos con un enorme deseo de dar a conocer a Cristo a partir de un encuentro personal con Dios que se transformó en un testimonio de vida. Una experiencia que los llevó a “tirarse a la pileta” y unir su vocación laboral con la fe.
Entre esas historias está la de Mónica Fernández Paz, catequista que dejó su labor en las aulas y sintió la necesidad de seguir comunicando a Dios. Por inspiración divina surgió la idea de crear stickers para transmitir mensajes de fe. Así nació Pega tu Fe, un emprendimiento que hoy se amplió con Diarios de oración para niños, Agendas de oración para matrimonios y diarios de gratitud entre otras cosas.
Otra historia es la de Bruno Zamudio, un luthier —artesano dedicado a la construcción y reparación de instrumentos musicales— de Jujuy que hoy también realiza custodias. Todo comenzó en 2016, cuando lo convocaron desde la Pastoral Juvenil de Jujuy para hacer una custodia. Él no sabía cómo se hacía ni siquiera qué implicaba realizar una, pero aceptó el desafío. Aquella custodia fue utilizada durante el Congreso Eucarístico.Tiempo después le pidieron realizar una custodia tallada con el rostro de María. Fue entonces cuando Bruno sintió que podía ver la mano de Dios guiándolo para plasmar ese rostro.
Hoy continúa realizando instrumentos en los que busca plasmar su fe y aquello en lo que cree. Agradece poder crear instrumentos que sean utilizados para lo sagrado y para las comunidades que buscan encontrarse con Jesús.
Todas estas historias, llenas de sentido y emoción las descubrimos en la cuenta de Instagram de Feria Católica.
Música, juegos y mucha fraternidad

Una perlita de la feria fueron los espacios de música religiosa y los juegos para chicos que pensaron los organizadores. Allí se vivieron momentos muy lindos, signados por la paz, la alegría y la fraternidad. Entre los cantautores y grupos que se acercaron a cantar estuvieron Athenas, Mechi Ruiz Luque y los grupos Huracán, Talita Kum, Bienaventurados y Somos Músicos Juntos entre otros.
Así, lo que comenzó como una feria de emprendedores terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: un encuentro de personas unidas por una misma fe, donde comprar, vender, rezar, cantar, conversar y compartir historias se transformaron en distintas maneras de evangelizar. Y la buena noticia es que en Diciembre de 2026 se realizará la 2da edición.
Porque, en definitiva, detrás de cada producto había una historia y, detrás de cada historia, un deseo: llevar a Dios a la vida cotidiana.
Texto Claudia Echeverría para Valorar Magazine/ Fotos: C. Echeverria y gentileza de Feria Católica
Valor de la nota: La fe en Dios y la confianza de una joven para hacer realidad una iniciativa que generó una gran visibilidad y la interacción de un sector de emprendedores católicos que va creciendo cada día más en propuestas y ventas.






