¿Quién dijo que ir a la Biblioteca es aburrido? (Editorial)

Hace algunos días, invitado por su Director Alberto Manguel, participé de una visita especial a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.  Esa tarde disfruté todo.  Desde la exposición “El Año Mágico de García Márquez” hasta la visita a la sala del “Tesoro”, un área de acceso restringido para investigadores acreditados donde se guardan más de 24.000 ítems(fotografías, manuscritos, publicaciones y libros antiguos).

El Rincón de TIULI,  Por Matías da Rocha

Esta Biblioteca comienza siendo pública y se convierte en Nacional hacia fines del siglo XIX dejando de ser una biblioteca de préstamo para convertirse en una biblioteca de conservación, de guarda. Hubo muchos libros donados por miembros de la Junta Revolucionaria de Mayo: Belgrano, Moreno, Paso, Castelli, entre otros, y también por miembros de la sociedad civil de la época, y del alto clero.

En estos días en la Biblioteca Nacional hay una exposición llamada “El año mágico de García Márquez” por los 50 años de Cien Años de Soledad, libro cuya primera edición fue realizada en 1967 en Argentina antes que en cualquier otro lugar del mundo. En distintas vitrinas están las primeras ediciones y también las ediciones aniversario. También en 1967 fue la primera y única visita de Gabriel García Márquez a nuestro país. Cuenta la leyenda que no volvió a venir porque era muy supersticioso y consideraba que, así como su éxito había comenzado aquí, si volvía, ese éxito terminaría. En la exposición también pueden verse su medalla de Premio Nobel y la máquina de escribir en la que trabajaba. Fue muy interesante escuchar la presentación de la muestra realizada por Ezequiel Martínez, Director de Cultura de la Biblioteca Nacional, hijo del escritor Tomás Eloy Martínez quien fuera gran amigo de García Márquez.

Visitamos el área de preservación, donde nos mostraron cómo se mantienen y restauran los ejemplares de publicaciones que tienen muchos años. También pudimos ver diarios antiguos, como un ejemplar del Diario La Nación de 1892.

En el área de audio y video se resguardan partituras, grabaciones sonoras digitales y analógicas (50.000 discos de pasta, de acetato y vinilo). Nos contaron cómo hacen restauraciones, sobre todo de video. En esta área también van digitalizando todo el material que reciben. A veces una pequeña cinta de 35 mm lleva meses de restauración para poder ver unos pocos minutos. Durante la visita pudimos ver un video de unos 3 minutos de la cinta más antigua que hay en el país. Un gran desafío para esta área tiene que ver con la tecnología que se requiere para digitalizar el material acumulado, en algunos casos de más de 100 años, ya que aunque haya material no es fácil reproducirlo porque en algunos casos ya no se pueden conseguir personas que sepan utilizar los reproductores originales, o bien repararlos.

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Para mí lo más interesante fue la visita a la sala del “Tesoro”, un área de acceso restringido para investigadores acreditados donde se guardan más de 24.000 ítems (fotografías, manuscritos, publicaciones y libros antiguos que necesitan especial preservación, sobre todo respecto de la luz y la humedad). Allí tuvimos oportunidad de ver, por ejemplo, algunas notas previas al manuscrito preliminar del libro Rayuela, de Julio Cortázar, y también uno de los 21 incunables con que cuenta la Biblioteca Nacional, Las Crónicas de Nürenberg de Hartmann Schedel (nota: Incunables son los libros impresos por la imprenta manual hasta las pascuas de 1501). A continuación nos mostraron un libro de la liturgia de las horas pintado a mano con incrustaciones y láminas de oro, del siglo XV. Este manuscrito llegó a la Biblioteca en 1843. Ese año el General Rosas invitó a cenar en su palacio de Palermo a William Parrish, cónsul británico en el Río de la Plata. Parrish le regaló este libro, que automáticamente Rosas donó a la Biblioteca.

Esta visita a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno surgió luego de haber conocido a Alberto Manguel en ocasión del III Congreso de Educación y Desarrollo Económico en junio de este año en el CCK. En esa oportunidad me invitó a visitar la Biblioteca y recién ahora pudo materializarse aquella invitación. En lo personal, me quedo con la experiencia de haber descubierto un lugar hasta ahora desconocido para mí. La puesta a disposición del público de la enorme riqueza que la Biblioteca tiene es una invitación a visitarla.

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