#Miracomonosponemos (Editorial)

Por Josefina Castellano (Editorial)

Es de los horrores más grandes la violación tanto a una mujer, como a un niño. Lo repudio y lo condeno. Ojalá empiece a funcionar la justicia por estos casos. Es necesario que no sólo la justicia, sino las leyes y las políticas empiecen a ser efectivas. No hay derecho a que el cuerpo de nadie, DE NADIE, pase a ser de otro por imposición, engaño o ignorancia.
Cuando era chica la prima de mi prima fue violada y asesinada en un baldío. Con Caro jugamos muchas veces en el verano y hoy la recuerdo como de las chicas más lindas que conocí en mi vida. Era preciosa y amorosa. Su violador y asesino no está preso, pero la familia de Caro si quedó presa. Presa en el dolor y en la injusticia. Una vida y una familia destrozada.
Hoy en muchas provincias de nuestro país está vigente un protocolo de no punibilidad para aquellas mujeres o niñas que pidan un aborto en caso de violación. Ese protocolo no exige la denuncia policial. Ese protocolo permite dejar impune al violador o abusador o proxeneta y no procede de ninguna forma para proteger a las mujeres desde los 13 años de ser nuevamente abusadas.
Hace poco me tocó ayudar a una chiquita que con 12 años había sido abusada por una especie de abuelastro. Este la llevó a abortar un embarazo de 5 meses de gestación. La nena no quería abortarlo. La bebita nació viva y la dejaron morir (como el caso de Entre Ríos). El hospital no investigó mucho ni hizo la denuncia. Consideró que practicarle el aborto era lo más “sanitario”. Ese aborto consistió en la aplicación de dos o tres inyecciones en la panza para interrumpir la vida del bebito y luego un parto. Ese día del parto frené al papá de la nena a que autorizara al hospital para dos cosas: que le aplicaran un dispositivo anticonceptivo para volver a su casa y ya no quedara embarazada por 2 años y que firmara el descarte del cuerpito abortado ¿Qué hubiera pasado si yo y otras personas que me acompañaron no interveníamos?. Esa chiquita hubiera vuelto a su vida “normal”: su mamá presa, su papá ausente, su madrina que avalaba a su pareja que la violara. El Estado que hacia? Nada. Hoy ella está bien. En un verdadero hogar en donde se está recuperando emocionalmente, le fue muy bien en el colegio, está aprendiendo a valorarse y empezando una nueva vida. Me conformo y me quedo tranquila con eso, pero justicia, no se hizo.
Aplaudo que se instale en la sociedad un tema de debate que merece mucha atención y acción por parte del Estado.
Hay muchas organizaciones privadas que trabajan con mujeres en situación de vulnerabildad y día tras día reciben casos de chicas que por distintas situaciones de violencia quieren abortar. Esas mujeres son recibidas con brazos abiertos, son informadas, acompañadas y ayudadas en los aspectos emocionales, físicos y económicos. Esas mujeres desisten del aborto y comienzan una vida de auto superación porque pueden salir del círculo que las llevó a tomar decisiones equivocadas. Ninguna mujer desea realmente abortar.
El aborto no sólo le quita el derecho a vivir a futuras mujeres, sino que ejerce violencia también contra la mujer al inducirla a hacerlo. La mujer que fue violada y aborta, se saca un feto de su cuerpo, pero eso no resuelve la existencia de un violador, ni la falta de educación, ni de plata para comer, ni la falta de amor. Es lo peor: la convierte en una mamá que mató a su hijo y la induce a una situación de culpa contra ella misma porque sabe, la mayoría de las veces inconscientemente, haber eliminado un hijo. En los casos más graves, puede incluso llevar a un intento de suicidio.
Por eso enfáticamente pido: NO a la violencia contra la mujer de ninguna forma, NO a la impunibilidad de los violadores, NO al aborto.

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