Mi tío, el Papa Francisco

Recuerdo aquel miércoles 13 de marzo de 2013, después del mediodía, en los noticieros, solo quedó lugar para un único tema. Esa tarde, sorpresiva para muchos, fue especialmente surrealista para mí. Mientras tomábamos unos mates con mi mamá, seguíamos las novedades sobre el cónclave. Para ser sinceros, jamás imaginamos que Jorge aquella tarde se convertiría en el papa Francisco. Aún recuerdo aquella despedida donde Jorge me dijo: “Me voy unos días a Roma, nos vemos a la vuelta”. 

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Nuestros ojos se quedaron detenidos sobre la televisión, el humo blanco había comenzado a anunciar la elección de un nuevo Papa. Aquella tarde, escuchamos distintos nombres, hipótesis y teorías sobre cómo sería el nuevo Pontífice; el misterio aún seguía sin revelarse, pero aún nadie había imaginado a nuestro querido padre Jorge.

Fue así como, al caer la tarde, el cardenal Jean- Louis Tauran anunció por el balcón “Habemus Papam”, mientras caía del cielo una llovizna que no fue capaz de frenar el entusiasmo de los fieles que en ese momento llenaban la Plaza San Pedro.

¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa! Se escucha sin saber su nombre. La tensión y la emoción crecían cada vez más.

“Georgium Marium Bergoglium” se escuchó desde el balcón.

Inmediatamente sentí un escalofrío, estaba pálido y desconcertado; mi mamá lloraba. Nos llevó unos segundos entender lo que estaba pasando. Sí, era él, el tío. Pero ahora era de todos. Una mezcla de sentimientos encontrados me invadió todo el cuerpo. Estaba feliz porque teníamos un nuevo Papa, jesuita y argentino. Estaba triste porque no sabríamos cuándo lo volveríamos a ver. Y de pronto entendí que, a partir de ese momento, Jorge era “el Papa de todos”. Se lo habíamos prestado al mundo para siempre.

Nací en una familia humilde, de educación católica. Soy hijo de María Elena Bergoglio, la hermana del Santo Padre. Me crié sin figura paterna, pero encontré en mi tío un gran pilar para mi desarrollo personal. En los momentos difíciles, siempre estuvo él, con su mirada tierna y firme, guiándome por caminos indicados. Jorge fue quien me dio la primera Comunión y, más tarde, la Confirmación. Al igual que yo, amante del fútbol, pero el único hincha fanático de San Lorenzo en la familia. Con él solemos bromear sobre fútbol.

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Mi papá biológico se fue cuando era prácticamente un bebé y mi madre, aunque hacía su mejor esfuerzo por jugar el papel de los dos, no pudo darme una figura paterna. Por fortuna, mi madre tenía un hermano, mi tío. Jorge me enseñó que la humildad, el respeto por el otro y la empatía son valores que se aprenden dentro de casa. Hoy puedo decir que gran parte de lo que soy, y de lo que hago por la sociedad, es consecuencia de la influencia que mi mamá, María Elena, y mi tío, Jorge, ejercieron sobre mí y me enseñaron en mi infancia.

Escribir sobre mi tío como un líder social me resulta muy emocionante pero complicado al mismo tiempo, ya que él siempre eligió manejarse y ayudar desde el compromiso por la justicia social, como un compañero, un guía; pero nunca se puso a él mismo en el centro o por encima… ni siquiera cuando se convirtió en Papa.
Mi familia siempre fue cercana a la iglesia y profesamos la fe en todo momento de nuestras vidas. Mis recuerdos de mi tío en Argentina van de la mano de su trabajo como obispo y arzobispo de nuestro país, llevando a cabo proyectos y acciones solidarias y comprometiéndose con cada causa a la que se acercaba. Si pienso en retrospectiva, no debería haberme sorprendido que se convierta en el Santo Pontífice, ya que siempre tuvo la capacidad, el carisma y la sensibilidad para serlo.

49212703_1889966584463940_5646593203403489280_nLo que sí me generó, y me sigue generando, es orgullo y admiración porque incluso hoy me sigue enseñando y orientando –a mí y a millones de jóvenes- hacia lo que es realmente importante. Mi realidad actual, como presidente de Haciendo Lío, una ONG que trabaja por promover a los más desfavorecidos, es la materialización de todo lo que Jorge pudo inculcarme como tío y como Papa. Me inunda de felicidad saber que ambos estamos trabajando, día a día, para lograr una sociedad que obra con más fe y paz y menos injusticias. Hacer lío hoy forma parte de mi filosofía de vida y voy a estar eternamente agradecido a mi tío por ello.

¡Feliz Aniversario, tío Jorge!

Por José Ignacio Bergoglio

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