Las dos vidas de Inés Zorreguieta

 

Hermana menor  y la preferida de la Reina Máxima de Holanda. Tímida, de personalidad dulce y  callada,  así la describieron sus amigos. Convivía entre la realeza y  una vida sencilla de una chica porteña de muy bajo perfil. Falleció a los 33 años, supuestamente de un suicidio,  por una enfermedad  como la depresión que sufren más de 300 millones de personas en el mundo.

Inés en el 2008 se graduó en Psicología en la Universidad de Belgrano con una nota altísima y se destacó por su tesis de grado en el que “casualmente o no”,  investigó las  “Diferencias de género en el suicidio y conductas vinculadas”. En su tesis, Zorreguieta ahondó en las diferencias de género en lo relativo al suicidio y en la elección del método

Un presagio o llamado de atención de lo que le sucedería, 10 años después en la soledad de su sencillo departamento en el barrio de Almagro en Buenos Aires, donde la encontró su madre y su mejor amiga. Un golpe que nadie de su familia se esperó.

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Desde muy chica la hija menor de la familia Zorreguieta Cerruti  fue siempre una constante preocupación para Máxima y el resto del clan familiar por sus cambios de estados anímicos. Desde pequeña experimentó problemas de peso, anorexia y cuadros de depresivos.

Lo cierto es  que a la depresión mucha gente  no la consideran ni siquiera una enfermedad, lo que la convierte en una patología oculta y poco comprendida.  Según la especialista Mariana Costa, no hablamos de estados de ánimo causados por problemas de la vida cotidiana, ni de la tristeza producida por un acontecimiento grave en nuestra vida. “La depresión es un problema serio de salud que causa gran sufrimiento entre quienes lo padecen y que además es más frecuente de lo que pensamos: más de 300 millones de personas en el mundo la sufren”

Inés era  independiente  y ya adulta prefirió vivir sola. Incluso Máxima ya casada con el Príncipe Guillermo quiso llevársela vivir a Amsterdam donde podría estudiar un posgrado relacionado con su carrera, gracias a una beca y de paso, estar cerca de ella y cuidarla. Sin embargo, Inés declinó la oferta de su hermana, pero aceptó otra: trabajar como analista de investigación de las Naciones Unidas en Panamá.  Dicen que en Panamá conoció a un chico con el que mantuvo una relación hasta que el fin de la pareja la hizo retornar al país en el 2012.  Ese mismo año fue internada en una clínica aquejada de un cuadro depresivo derivado, según algunas fuentes, de la anorexia que sufría, aunque oficialmente nunca se confirmó que padeciera ese síndrome. En su momento la prensa rosa de argentina destacó lo mucho que le había afectado la ruptura sentimental.

Bohemia y ultra sencilla

Dicen las revistas de la época que cuando Máxima conoció al príncipe Guillermo, heredero del trono de Holanda, en 1999, Inés  que tenía 14 años, se erigió en una suerte de confidente familiar de los amores y sueños de su hermana mayor, con la que siempre se llevó muy bien. De hecho la reina la nombró madrina de bautismo de su hija Ariana.

Ella nunca se obnubiló con todo el mundo de la realeza al que accedió desde el momento en que se hermana se enamoró y se casó con el Príncipe Guillermo. De hecho evitaba aparecer en la fotos, no obstante accedió a ser del cortejo en el casamiento, momento en que el mundo la pudo conocer.

Pero en el fondo de su ser era una chica  bohemia, sencilla, con una gran pasión por la música. En 2014, se enfocó en lo artístico y estudió canto y guitarra, después de una vida de ser “autodidacta”. Participó en el Festival de las Nuevas Voces, en el que interpretó canciones de The Beatles, The Doors y Jimi Hendrix. “En mi casa siempre se escuchó música. Recuerdo que mis padres ponían canciones de los cincuenta, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, por ejemplo. Pero fueron mis hermanos, bastante mayores que yo, los que me hicieron escuchar bandas y composiciones que me gustaron tanto que algunas son las que elijo para cantar hoy. Música de los sesenta, setenta y ochenta, una gran época para el rock y el pop”, declaró al diario Clarín.

En el 2016 entró a trabajar en el  al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, después de ser nombrada Directora de Despacho y Mesa de Entradas de la Dirección General de Administración de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales de la Presidencia. Sin embargo, cuestionada por el nombramiento, dejó el cargo después de que la casa real holandesa tuviera que aclarar que su puesto nada tenía que ver con la relación entre Máxima y Mauricio Macri.

Más tarde Inés tuvo una nueva oportunidad de trabajar en el gobierno de la ciudad al entrar a la Secretaría de Integración Socio Urbana del Ministerio de Desarrollo Social. Sus compañeros de trabajo aseguran que era muy comprometida, frontal para transmitir sus ideas, muy sagaz al proponer soluciones. Llegaba primera y se iba última”, pero jamás la escucharon decir algo de su hermana.

La madrugada que la encontraron muerta, debía ir a trabajar como todos los días y el único indicio de que no salió, fue su moto. Una  moto que usaba para trasladarse por la ciudad y que estacionaba siempre frente a la puerta del edificio donde vivía.

Algo curioso fue que sus vecinos que convivieron con ella dos años y compartieron charlas el ascensor, jamás se enteraron de que era la hermana de la Reina de Holanda. Para ellos Inés era simplemente la chica dulce y educada de la moto.

Por Claudia Echeverría  (Investigación)

 

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