LA VERDADERA GRIETA Por Matías da Rocha (Columnista Valorar)

Mucho se ha escuchado en los últimos meses, y especialmente en las últimas semanas sobre el aborto. Los “celestes” y los “verdes” han mostrado sus cartas. Pero no es lo mismo, claro. No todo es lo mismo. Y no todo es lo mismo, aunque nos quieran hacer pensar que sí.

La defensa de la vida, de las dos vidas, es sin duda un camino más difícil. Requiere, en primera instancia, hacerse cargo de decisiones que se tomaron antes. Y eso duele. Duele porque siempre es más fácil no hacerse cargo. Y -si fuera posible- no hacerse cargo de nada.

La sociedad toda vive en un hedonismo creciente. La vida pasa solo por lo que nos hace felices. El disfrute es la base de todo. Y si es inmediato, mucho mejor. Caiga quien caiga. El esfuerzo que lo hagan otros. Que hagan todo los otros, inclusive dar la vida. De ese modo nosotros podemos disfrutar. Una mirada infantil y mezquina sobre la realidad.

Y así vamos muchas veces por la vida, buscando que otros se hagan cargo de lo que decidimos nosotros. Especialmente el Estado. Somos expertos en reclamarle al Estado que nos dé todo. Así nos educaron, claro. Para reclamarle, pedirle, exigirle al Estado… ese barril que parece no tener fondo, y que debe estar siempre dispuesto a resolver todo aquello que no supimos hacer o que no quisimos hacer. También lo que hicimos y no queremos asumir. Inclusive a pagar por eso.

Un párrafo aparte se lo lleva la política. El vergonzante lobby generado desde lo más alto del gobierno nacional para que se apruebe esta ley seguramente tiene sus motivaciones. Y también sus riesgos. Muchos no los votarán nunca más. Otros muchos mirarán con lupa a sus candidatos en el futuro. Y este análisis va mucho más allá de la aprobación o no de esta ley de muerte.

Los días que vienen serán, sin duda, muy importantes para nuestro país. Mucha gente a favor de las dos vidas. Mucha gente no. Esta grieta es, sin ninguna duda, más importante que la otra. Más importante que cualquier otra. Esta es la verdadera grieta.

Una sociedad en la que muchas personas están dispuestas a matar a sus propios hijos, más temprano que tarde está destinada al fracaso.

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