La Iglesia que ilumina es la que arde (Editorial)

Por Josefina Castellano

Notre Dame. Diseñada por dentro como un “Catecismo de piedra” para que los fieles analfabetos de la época conocieran las verdades de Dios.
Mientras veía las dolorosas imágenes de la catedral ardiendo, pensaba en la forma que el año pasado durante el debate por la ley para la legalización del aborto, mostramos al mundo y sobre todo a nosotros mismos, que la Iglesia somos todos. Que Cristo la fundó en nosotros con su “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi iglesia”.

Nos escandalizamos por profanaciones, atentados, por lo que los curas hacen o no. Eso, ¿construye?
Hace poco menos de 2000 años un hombre se entregaba sabiendo que de Dios venía y a Dios volvía. Aquella memorable noche Cristo se ofreció como víctima de salvación, se presentó como sacramento permanente en un pan y en un vino, como alimento del alma. Antes de ello, el lavatorio de los pies: gesto de tremenda humildad de Nuestro Señor y que nos enseña? Cualquier superioridad humana o divina solo tiene sentido en el amor y el servicio a los demás. Reinar es servir.

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Hoy se apagan todas las luces, todos los fuegos, para que en breve arda la luz del cirio bautismal, La luz que nos permite separar el bien del mal, la que le da sentido a nuestra vida y ser luz para los demás. El fuego es de los elementos de la naturaleza más misteriosos y al mismo tiempo terribles. Sin él, apenas podríamos vivir. Es fuerza que quema y alumbra, mata y aviva, destruye y purifica.
Que Dios siga mostrándonos el camino para construir el Reino de Dios con nuestras obras, en ese Reino que sabemos que Notre Dame (Nuestra Señora) triunfará con su corazón, no en los templos de cemento ni madera: en los de carne y hueso.
Esa noche del lunes el arzobispo de París autorizó a las Iglesias permanecieran abiertas y sonaran las campanas invitando a rezar. Hace años que en Europa las campanas no tañen por “ruidos molestos”. Que el ardiente templo nos muestre su “catecismo de Vida” y brille en todos nosotros la luz que no tiene fin.

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