“INSEGURAMENTE SEGURO” … Crónica de los robos en Barrios Privados y Countries

 

Por Picky Juliano

“No me estoy llevando todo”, aclaró el encapuchado con revólver en mano a Paula, que yacía en el piso atada, mientras tomaba el toco más tupido de la cajita de los ahorros y dejaba un sobre escuálido, pero con algo al fin.

Aunque parezca parte de una serie o novela, el relato es real. Esa frase quedó repicando en la mente de Paula luego de que irrumpieran a robar en su casa llevándose, además del efectivo que tenía, la seguridad que había sentido hasta entonces viviendo en un barrio privado. Sí, en un barrio privado.

“Se evaporó la sensación de resguardo que habíamos tenido durante 18 años”, sentencia Paula, representando el sentir de quienes sufrieron un robo habiendo elegido un lugar con seguridad extra para vivir.

“La realidad es que no hay que relajarse por vivir en un barrio privado”, reflexiona Agustina, víctima de un robo que involucró también a sus hijos. “Aunque no éramos como esas familias confiadas que dejan las puertas abiertas en todo momento, desde lo que nos pasó, hacemos cada noche el ritual de chequeo de puertas y ventanas, para verificar que estén bien cerradas”. “Además –completa- agregamos trabas extras en todos los cerramientos, porque lograron entrar forzando una puerta que estaba trabada”.

Al refuerzo de cerraduras y trabas se suman, en muchos casos, alarmas antes impensadas, pero que hoy dan un poco más de tranquilidad. Además, luces del jardín, la galería o entrada prendidas toda la noche porque pueden ayudar a disuadir.

La angustia que genera una situación de robo en el propio hogar es indescriptible. Pero si ese robo, encima, se extiende en el tiempo, ni hablar. Es por eso que es aconsejable tener siempre algo de dinero en efectivo en casa, para que los ladrones se hagan con el botín rápido. Si bien eso no asegura que el robo termine, ayuda a bajar la ansiedad y, en algunos casos, empuja el final. “Buscaba plata”, recuerda Paula. “Era clarísimo que lo que buscaba, ante todo, era efectivo. Una vez que ‛casi’ vació la caja de nuestros ahorros, se llevó unas medallitas que estaban ahí mismo y se fue”.

“Es como si se hubiera compadecido de nosotros”, remata Paula, “por eso dejó ese sobre con algo. De hecho, nunca nos trató mal.” “Ellos nunca nos pusieron una mano encima o nos maltrataron”, coincide Agustina. “Incluso, cuando nos ponían los precintos para atarnos las manos y los pies nos preguntaban si nos estaban apretando mucho. Al final, casi te encontrás en el ridículo de agradecer que te roben a mano armada, pero con delicadeza y consideración. En fin –sentencia- ojalá lo que nos pasó sirva a alguien”.

Situaciones violentas de las que nadie está exento. Ni siquiera quienes pagan seguridad extra viviendo en barrios privados

 

 

Abril-2017---Inseguramente-seguros-RECUADRO

 

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