El ROMPECABEZAS ( vacaciones juveniles)

Viajar con amigas. Nueve para ser exactas. Cuando me preguntaban qué iba a hacer este verano y respondía: “Me voy casi un mes con nueve amigas a recorrer Uruguay” a muchos no les cerraban los números.  Les parecía que sobraban  días o que sobraba gente. Pero nosotras sabíamos que no sobraba nada.

No voy a aburrirlos con un largo cronograma, ni voy a hacer una crónica de viaje. Tampoco voy a tirar tips para los que no se animan a pasar tantos días sin todas las comodidades. Simplemente quiero transmitir mi experiencia, mis emociones y lo que aprendí porque creo que en cada viaje se conoce mucho más de lo que se cree.

Comprendí que no es necesario planear tanto todo, y aunque esto pueda sonar un poco cliché, es la verdad. Es cierto que es necesario “algo” de planificación, pero también es cierto que las cosas que mejor salen son las que no formaban parte del itinerario. Y este es el caso de Cabo Polonio, lugar mágico, conocido por sus “noctilucas” (googlear), su falta de electricidad y sus  vivos colores.

Sacamos pasaje la noche anterior y para nuestra suerte quedaban justo 10 asientos en el colectivo. Llegamos sin saber dónde íbamos a dormir, conseguimos justo 10 camas en un hostal, a pesar de la alta demanda de la temporada…para los que no creen en el destino déjenme decirles que yo sí.

Fogón, fotos, juegos, yoga. Cantar, reírnos, admirar, tocar por horas la guitarra debajo de algunas de las estrellas que la luna llena dejaba vislumbrar. Arena, mar, rocas, toninas (que para mí eran delfines). Ese lugar lo tenía TODO y no lo sabíamos.

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Aprendí a sacar fotos con los ojos. Cada vez que me gustaba una imagen o  quería inmortalizar un momento decía “click” con mi mente. Click, click, click, cada vez más seguido. No paraba de guardar información; rostros felices, atardeceres musicalizados, ese olor a mar y la luna presente en todos los escenarios. Ni la mejor cámara del mundo, ni la más cara, ni el lente más grande puede obtener fotos como las que guardas con los ojos, que  se encierran en la memoria y preservan las experiencias.

Como dije al principio, viajé con 9 amigas. Tuve la suerte de poder compartir todos esos “clicks” con ellas y gracias a ellas guardé todas esas fotos mentales en mi memoria.

Aprendimos, y en esta parte las incluyo, que cada una tiene sus virtudes y defectos y  aunque ya lo sabíamos, aprendimos a convivir con ellos y de alguna manera quererlos y creo que de eso se tratan estos viajes. Descubrimos que cada una de nosotras forma parte de un rompecabezas, metáfora gastada, pero útil. Porque es esencial que cada una sea como es para que el rompecabezas esté realmente completo y armado. La clave del éxito (o por lo menos de no habernos matado durante todo el viaje) fue  tener en cuenta cómo es cada una y llegar a la conclusión de que  “somos piezas de un gran rompecabezas en el cual, si una falta, se nota su ausencia” como lo dijo una de mis amigas sabiamente.

Por Agustina Noé  (Estudiante de Comunicación Social U. Austral)

 

 

 

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