Debate presidencial… para los psicólogos (Columna editorial)

Por Claudia Echeverría (directora Valorar Magazine)

Es imposible aburrirse con lo que pasa en Argentina. Sus líderes, su gente, su clima son tan impredecibles que siempre dan sorpresas. Nadie acierta nunca acerca de lo que va a pasar.

En 2015, nadie se imaginó que ganaba Mauricio Macri, hasta que no se llegó al Ballotage. En las PASO, nadie vaticinó que la fórmula Alberto y Cristina iba a sacar 15 puntos de diferencia a Macri. Ninguna consultora acertó, ni cerca. 

El primer debate 2019 entre los candidatos a Presidente no fue la excepción. Nadie imaginó que a Mauricio Macri le iba a ir mejor de lo que se esperaba y que Alberto Fernández le iba a ir peor de lo que se esperaba. Este fue el análisis más o menos generalizado de los periodistas serios y objetivos. Después están los cronistas ideologizados que se disputaron el ganador de un lado o del otro.

Lo cierto es que nadie se comportó como se esperaba.   

Alberto Fernández venía hacía unas semanas bajando el tono violento con que había empezado su campaña presidencial. Se mostraba conciliador, manso y cauteloso. En sus spots de la campaña televisiva se lo veía abrazando madres, viejitos y niños. Se presentaba como el que iba a arreglar la grieta entre los argentinos. ¡Que él no era Cristina!. Por eso fue una gran sorpresa que su primera alocución en el debate fuese  “el presidente miente”. De ahí para adelante no paró de criticar duramente a Macri en todos los temas. “Presidente, la plata se la llevaron sus amigos”.  Se mostró sobrador, irónico y carente de propuestas de gobierno. Su única iniciativa presidencial fue llevarse por delante al Presidente Macri, encarnando en su retórica contra él todas las críticas de su electorado. Y el tiro le salió por la culata. Lo que condenó a Fernández fue la imagen televisiva de su “dedito acusador”. Ese solo movimiento se reprodujo en Twitter y en todas las redes sociales, remitiendo su actitud a lo que fue el gobierno de Cristina, señalando con su dedo al que se oponía a sus deseos. “Alberto es Cristina” fueron los memes que corrían por los celulares. Y quien lo terminó de liquidar fue el propio Presidente, que avivado por sus coachs de las repercusiones por internet cerró su discurso diciendo: “El Kirchnerismo no ha cambiado nada, eres más de lo mismo Alberto”.

Mauricio Macri por su parte,  iba con  todas las de perder al debate. Él, como presidente en gestión, era el blanco fácil para la crítica de los 5 candidatos. Lo esperable era que partiera con los tacones de punta, mostrándose alerta y ganador y lo cierto es que partió tranquilo, sin muchas propuestas ni ataques. Tan tranquilo que ni siquiera sacó a relucir el nombre de Cristina y la corrupción develada en los cuadernos K,  para defenderse de la munición pesada que le tiraba Fernández, a la que se sumó Lavagna y del Caño. Sólo hacia la mitad y fin del debate comenzó a reaccionar a la virulencia, “se despertó” como dijeron los medios y, en un golpe épico, le recordó a Fernández todos sus dichos respecto al desastre que había hecho Cristina al país siendo presidente y que, al parecer, el Aníbal había borrado de su mente.

¿Quién fue el gran ganador? Era la pregunta terminado el debate. Según las encuestas en redes y en televisión el triunfador era Mauricio Macri,  solo porque supo sortear los embates de todos y salir bien parado, pese a su currículum de desastres económicos.

¿Quién fue el perdedor? Para todos fue Roberto Lavagna, candidato de Consenso Federal. Su letanía y aspecto senil y desganado lo desdibujaron, según la prensa. En el medio quedaron Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert que fueron los candidatos que más propuestas hicieron y menos mintieron, según chequeado.com.  Pero Gómez Centurión no supo manejar los tiempos del debate y  agotó. Y Espert fue víctima de su “liberalismo desatado” que lo condenó cuando propuso arancelar las universidades públicas, lo que es un pecado en Argentina. El candidato de la izquierda socialista fue un show aparte, ya que, más que candidato, parecía un dirigente estudiantil idealista, pidiendo un minuto de silencio por Ecuador y el planeta.

En fin, si alguien perdió en este debate, sin duda fue el país. Fueron todos esos millones de argentinos que se sentaron frente al televisor para escuchar las propuestas de gobierno de sus candidatos. Propuestas que brillaron por su ausencia en las campañas, por lo que se esperaba que esta iba a ser la tribuna para informarse y conocerlas. Así lo había vendido el periodismo. Pero no pasó. Lo que se vio, en definitiva, fue una dirigencia política de bajo nivel, revanchista y cambiante que no hizo un esfuerzo intelectual por acercar sus ideas de manera seria, sino que eligió el camino fácil de repetir los slogans de sus spots en la franja televisa, generalistas y superficiales, que no aportan nada.  

Con el “Si se puede” (Macri) y “Juntos vamos a sacar al país adelante” (Fernández), lamentablemente, no van a  solucionar el hambre y la angustia que hay en Argentina.

Veremos que pasará este domingo. Si seguimos al sentido común, lo lógico es que, después del domingo pasado,  este fin de semana se van a enfrentar con munición muy pesada. Si seguimos a la Argentina “impredecible”, capaz vemos un debate con propuestas y con la “altura” que el electorado se merece.

 

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