CHICK N CHIPS, un Emprendimiento Para la Familia

 

Pollo en todas sus versiones; asado,  en barbacoa  con diversas y ricas salsas,  esa es la  clave de este nuevo emprendimiento pensado para facilitar la cocina familiar y hacer más sano y divertido el lunch de los colegios de Pilar.

Quienes circulan cerca del Shopping Las Piedras y del Colegio Moorlands , por la calle San Antonio de Areco, seguro se habrán detenido a mirar este enorme y colorido  granero americano, que apareció de repente en el lugar donde antes había un lava autos. Allí es donde abrió en diciembre el nuevo local de comidas Chick N Chips, que buscó convertir el pollo en una alternativa distinta de los típicos delivery de pizza o empanadas de la zona de Pilar. Y lo mejor, atendido por su propio dueño.

Detrás de esta idea creativa está Juan Manuel Aloé, ingeniero agrónomo, 52 años y recientemente miembro de la raza de emprendedores que se atrevió a hacer de su hobby, su oficio. De hecho, los últimos 20 años de su vida, los pasó en una empresa. “Empecé con esto por necesidad, cuando a los 51 años recién cumplidos,  me desligaron de la empresa.  Ahí me dije, es el momento de tener mi propio negocio” señala Juan.

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Pero no fue fácil lanzarse a lo desconocido cuando se viene de ser un clásico profesional corporativo, esposo y padre de tres hijos  de 17, 13 y 10, y con muchas cuentas que pagar a fin de mes. “Al principio no estaba del todo convencido, pero la situación laboral estaba en cero y el tiempo pasaba. Había empezado a estudiar cocina y viendo que en Pilar la oferta de delivery  era sólo de pizza, empanadas y/o sushi, me lancé con la idea de hacer algo con calidad. Desde el vamos lo pensé como una franquicia, con una marca y formato. Contraté un arquitecto, una decoradora y dos agencias de marketing que le dieron forma a la imagen del emprendimiento”.

El nombre, Chick N Chips, nació en el seno de su familia, quienes lo han apoyado y acompañado en toda la maduración del emprendimiento. Cuenta Juan que la idea de hacer del local como un “granero norteamericano” surgió porque la comida que ofrece es muy del estilo norteamericano, pollos a la barbacoa o apanado,  que son los más solicitados.

Es un hecho que la estrella del menú es el pollo en sus diferentes formatos: patitas, apanados, pamplonas y supremas. En versiones tales como asado, al limón, con mostaza, agridulce y con salsas marinadas inventadas por su propio propietario devenido en chef. “La persona que viene encarga lo que quiere del pollo, puede ser desde 28 patas o el pollo entero”.

Abrió tímidamente en diciembre para tantear terreno. “El día que abrí me agarró ataque de pánico. Por suerte la gente empezó a llamar días antes al teléfono preguntando cuando abría”. Hoy, mucho más relajado y experimentado recibe a sus clientes, que son vecinos de la zona, familias amigas y amigos de sus hijos quienes se han transformados en los mejores promotores del emprendimiento.

Hoy el granero tiene una terraza con algunas mesas para los que quieran comer ahí, pero la idea es agrandar el lugar y poner mesas en el patio trasero del local con un estilo tropical. “Quiero darle onda al lugar, que vengan bandas a tocar.  También quiero ser una alternativa para los chicos que al mediodía comen fuera del colegio. Y ayudar a las madres que se olvidan del lunch, ya que podemos hacer delivery en los colegios de la zona.

Lleva poco tiempo pero ideas y entusiasmo no le faltan.  Como todos los nuevos emprendedores,  Juan se animó a correr riesgos, poniendo el pecho y corazón,  apoyado por su familia  y aplicando todos los criterios de calidad y servicios aprendidos en su carrera profesional.

Sin duda,  su vida dio un vuelco en 180 grados. Cambió  muchas cosas, entre otras, el largo viaje en auto al centro,  por una moto  en la que se traslada al local que le queda a una cuadra de casa.  Se lo ve contento.  “Siempre admiré a las personas que armaron sus empresa solos y convirtieron su sueño en realidad y ahora estoy feliz de poder intentar hacer el mío”.

Por Claudia Echeverría

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