Carta abierta sobre un amor sin límite

Esta carta nos llegó por facebook y su contenido nos conmovió por eso contactamos a su autor Pablo Rafael Carballo, comodoro retirado de la Fuerza Aérea Argentina, Cruz al Heroico Valor en Combate. Actualmente es un reconocido escritor,  autor de 4 libros sobre su experiencia en la Guerra de Malvinas, entre estos “Dios y los halcones”, ” Malvinas , Los halcones no se lloran”…. Pasó por Pilar y nos   invitó a tomar un café donde nos relató una de las historias de amor filial más grande que hemos compartido en Valorar Magazine.

Soy un aviador veterano de la Campaña por la recuperación de nuestras Islas Malvinas. He estado muchas veces a punto de morir y he tenido que tirar contra otros seres humanos (lo que es una pesada mochila). Me duelen nuestros muertos, nuestras viudas y nuestros huérfanos, pero también los de ellos, porque allí aprendí lo que la vida vale.
Sé que combatí por defender lo nuestro y por una causa justa, sin embargo nunca pude liberarme del dolor de haber quitado la vida a otros seres humanos. Me enteré del nombre de uno de ellos, se llamaba Pradhit Ghandi. ¡Para que lo habré sabido!, nunca olvidaré su nombre.

A partir de ese día comprendí que lo terrible que debe ser matar a un inocente.
Actualmente se ha abierto el debate por la ley del aborto y yo creo que también se mata por omisión de defensa. Por ello, aunque coincido con que las mujeres tienen derecho sobre sus propios cuerpos, pues se formaron en un vientre, fueron creciendo, nacieron, tiene un ADN y huellas digitales que las identifican y las hacen un ser único e irrepetible; creo que el hijito que se forma en sus vientres crece, tiene un ADN y huellas digitales que los identifican y los hacen únicos e irrepetibles y por lo tanto ellos también tienen derecho sobre sus propios cuerpos.
Muchas veces, cuando alguien es asesinado y le cortaron el cuello con un cuchillo, en todos los medios de difusión dicen “fue degollado”, ninguno pone, por ejemplo, que el asesino “interrumpió la continuidad de la cabeza con el cuerpo”, lo cual sería disfrazar la verdad. En cambio casi todos los medios de difusión hablan de la “Interrupción del embarazo” y no de “asesinato de un niño inocente, cometido por su madre con complicidad de otros”.

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Todos sabemos, en la Argentina no existe la pena de muerte, pero estamos debatiendo ¡Aprobar por ley la muerte de un inocente! y matar un inocente es un delito, por lo cual estamos debatiendo hacer una ley para legalizar un delito.

Hace dos días un sobrino del corazón me llamó y me dijo que estaba en contra del aborto y que solo lo aprobaba en caso de peligro de muerte de la madre. Le contesté que mi esposa quedó embarazada mientras estaba tomado un remedio, porque había tenido un tumor en la cabeza, que podría haber provocado que el bebé nazca con malformaciones y, además, ella tenía 46 años y por su edad y en esa condición era una paciente de riesgo, por lo cual el médico le aconsejaba abortar; ella contestó que de ninguna manera. Pasó un tiempo y los estudios demostraron que tenía placenta previa, con lo cual ya no cabían dudas de la decisión que debía adoptar, ella se negó. Finalmente comenzó con hemorragias y le dijeron que debía guardar cama hasta el final del embarazo, que no podía ni ir al baño ni sentarse en la cama. Fueron muchos meses de sufrimiento, recuerdo que para girar en la cama se tomaba el vientre y decía: “¡Vamos Tomasito! “
Le dijeron que era un sacrificio inútil y que iban a morir los dos. Tomasito nació prematuro y semimuerto pero lo resucitaron, ella pasó un año en cama, sufrió cuatro operaciones, le sacaron el útero, le estalló la vejiga, tenía tubos que le salían por todos lados, orinaba en una bolsa plástica. Yo no sabía cuánto duraría aquello, si un año o dos o veinticinco. Un día me derrumbé en un sillón y dije “No doy más”; de pronto observé sobre una mesa ratona una imagen de la Virgen de la Guadalupe que me decía “No temas ni te inquiete cosa alguna, no estoy acaso yo aquí que soy tu madre”. Me levanté y seguí luchando.
Hoy mi esposa tiene 66 años, hace deportes, crió seis hijos que ya nos han dado siete nietos.
Tomasito estudia Psicología y le va muy bien, es un sol en la casa y ayer, cuando vio las marchas en apoyo del aborto se puso muy mal y le escribió una carta a su madre diciéndole entre otras cosas: “Mamá, vos sos mi heroína, pues cuando todos te decían que me abortarás, te jugaste la vida por mí”.
¿Cómo se hubiera sentido mi esposa si hubiera abortado? ¿Cómo se siente hoy? El que mata a un inocente no lo olvida, más aún si es sangre de su sangre y carne de su carne.

(Extracto de la carta)

Por Pablo Marcos Rafael Carballo

 

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