ALQUILERES DE TEMPORADA: UN BUEN NEGOCIO

Cada vez son más los dueños que deciden alquilar su casa en el verano. ¿Cuáles son los pasos a seguir? ¿Vale realmente la pena?

La movida se disparó estos últimos años y va sumando seguidores. A primera vista, parece una iniciativa para algunos corajudos, pero vale la pena investigar de qué se trata esta nueva estrategia de ahorro.

Según Carola Zavalla, de Zavalla Propiedades: “Tiempo atrás, la gente que alquilaba su casa lo hacía por necesidad. Eran todos los años las mismas familias y utilizaban ese dinero para múltiples fines personales. Estos últimos años se ha sumado más gente a esta movida y de otro perfil. Ya no se alquila solo por necesidad, sino también muchas familias que estarán fuera todo el mes, eligen alquilarla en lugar de dejar la casa vacía. Otras aprovechan para financiarse sus vacaciones. Además de que, sin duda, el monto resulta muy atractivo”, concluye.

¿Es negocio para los dueños de casa? Sin duda lo es, en términos de eficiencia económica. Claro, que también tiene su contracara. Así cuenta Lizzie Sequeiros, quien desde hace ya varios años alquila su casa de Ayres del Pilar durante el verano. “Alquilar es negocio, pero tiene un alto costo de organización llevarlo adelante.”

Y vaya si lo tiene, escucharla es un atentado al entusiasmo. Hasta que prestamos atención a los montos de alquiler, y los ojos de Mac Pato nos delatan. (ver  cuadro adjunto)

 

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¿Cuáles son los pasos a seguir ?

Primer paso: vaciar todos los roperos, cajón por cajón. Luego, la pregunta del millón: (que bien podría ser cuánto ayudan los hombres en esta tarea…) ¿dónde ubico todo eso que saco? En ese orden, uno aprovecha para desprenderse de aquello que acumula inútilmente, y el resto se guarda en espacios como bauleras o algún dormitorio que se sacrifica para esos fines. Ahora, el regreso a casa es mortal. Abrir ese dormitorio, depósito o buhardilla y pelear cuerpo a cuerpo contra un muro de bártulos personales metidos a presión, es una experiencia que realmente justifica previamente los precios de los alquileres. Pero como dice el fraseo popular: “calavera no chilla”, o mejor aún, “quién te quita lo bailado”. Ya estamos de vuelta, y la tarjeta de crédito se encara mejor con la casa alquilada.

Seguimos trabajando. Segundo paso: el bendito inventario. Tarea que hay que realizar antes y después. Consiste en ir desmenuzando tu casa en ítems, uno por uno, y corroborar no solo que estén a la vuelta, sino también, que estén sanos y salvos.

Tercer paso: la puesta a punto. Con miras al alquiler, uno finalmente toma el empuje necesario para solucionar el grifo que no corta y la cerradura del baño que se traba. Pormenores con los que uno se acostumbra a convivir en su día a día, hasta que ingresa en la competencia por alquilar, y ahí no queda otra que resolverlos.

Bueno, ya vaciamos roperos, contabilizamos cada plato, y de paso  sacamos todas las telarañas de la casa. ¿Qué nos queda? Orar porque los inquilinos sean cuidadosos.

Antes de hablar de ellos, pensemos en sus ventajas.

La casa queda ocupada y los inquilinos se hacen cargo de los gastos fijos, que de lo contrario, deberíamos pagar de todas formas: piletero, jardinero, expensas. Por otro lado, la casa no queda vacía durante tanto tiempo, dato no menor. Por ahora la decisión parece imbatible: te pagan los gastos fijos, te financian tus vacaciones y hasta te riegan las plantas. ¡¿Cómo es que no alquilé mi casa aún?!, se preguntarán varios.

Ahora hablemos de ellos. Muchas veces perfectos desconocidos, y es verdad absoluta e innegable que nunca van a cuidar la casa como lo hace uno. Sobre este punto, Lizzie Sequeiros advierte: “Para que la experiencia resulte lo mejor posible para todos, más vale elegir una inmobiliaria seria, ya que si surge algún problema con la casa, te asegurás que la garantía sirva para eso”. Además de ahorrarte los mil y un llamados del inquilino mientras estás barrenando la ola, literal.

Muchas personas no pueden concebir la idea de meter extraños en su casa, muchas también terminan cediendo cuando corroboran todo lo que pueden hacer con ese dinero que reciben. “Podés invertirlo en renovar parte de tu casa, o incluso destinarlo para expensas o cuotas escolares”, comenta otra fanática de esta movida de temporada.

Como sea, la propuesta de alquiler es cada vez más amplia y variada. Y los inquilinos con más oferta, se vuelven más exigentes. El que quiere celeste…, tendrá que arremangarse.

Constanza Manrique

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