Aborto: “La verdadera solución”

Por Picky Juliano

Desde hace un tiempo acompaño a mujeres que están atravesando un embarazo inesperado (mejor que “no deseado”). Por eso no puedo dejar de escribir.

Voy a ser tajante en mi conclusión: estas heroínas no necesitan un aborto, lo que piden -a gritos- es una oreja inmensa que las escuche sin juzgar y un abrazo empático que las contenga.

Una mujer que se está planteando la posibilidad de matar a su hijo no es más que un ser atrapado en sus miedos y confusión. Absolutamente vulnerable y necesitado.

En su cabeza retumban, una y otra vez, pensamientos de desconcierto como “qué va a pasar con lo que tenía planeado”, “me costó tanto llegar hasta acá”, “no voy a poder con otro hijo más”, “mi relación con el padre no es buena”, “estoy sin trabajo” y un sinfín de razonamientos más que la encierran y la llevan a no ver otra salida más que hacer desaparecer eso que la tomó por sorpresa.

Lo más impresionante es que, al mismo tiempo, comienzan a surgir en ella sentimientos genuinos hacia el bebé que brotan de un saber intuitivo. Porque la mayor cantidad de mujeres embarazadas no dudan de que lo que tienen adentro es un bebé. Conocen más o no saben nada sobre el proceso de gestación pero “sienten” que es un bebé. Simplemente, lo saben.

Este saber-sentir intuitivo choca con aquellos razonamientos lógicos y genera en ellas una confusión extrema que las ofusca. Para peor, la mayor cantidad de veces, no hablan con nadie sobre lo que les está ocurriendo o sólo con una o dos personas, logrando así que el círculo sea fatal: más ofuscamiento, más confusión, más vulnerabilidad.

Es impactante ver el alivio que sienten al hablar de lo que les está pasando. También, cuánto esclarece sus ideas el simple hecho de escucharse decir lo que dicen. Es como si, de repente, se abriera una puerta en una habitación cerrada, sofocada, y el oxígeno renovara cada rincón y la luz dejara ver todo de otro color.

Es impactante.

El ofuscamiento merma. Sienten algo de paz. Pueden pensar con más claridad, alineándose de a poco con ese sentir intuitivo.

Repito, entonces: lo que la mujer con un embarazo inesperado necesita es que la escuchen sin juzgarla y que la contengan con un abrazo empático. No necesita la violencia de un aborto. No necesita la promesa de falsa paz que le regala un aborto. Porque muy adentro, en su corazón de mujer, ella sabe que lo que hay ahí es su hijo y matarlo nunca daría paz verdadera. Porque muy adentro, en su corazón de madre, sabe que debería nutrirlo y cuidarlo, no robarle la posibilidad de nacer.

El aborto es también violencia contra la mujer que va a tener que llevar ese peso el resto de su vida.

 

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