Perdimos pero ganamos (Editorial)

Por Claudia Echeverría, periodista Directora Valorar Magazine

Estamos ya en el año 2021, pero me tuve que tomar unos días para reflexionar  acerca de cómo terminó el 2020. Lo cierto es que la aprobación del aborto “legal” en Argentina, fue un golpe muy duro para el mundo provida y para  todos los católicos y de otros credos, que creemos que la vida es sagrada.  Y porque muchos de nosotros, incluyéndome,  esa noche esperábamos un milagro. Ciertamente no vimos el milagro la madrugada del 30 en la sala del Senado, pero créanme que ” El Milagro” sucedió en muchos lugares del país.

Si bien es una hecho que en el ámbito humano, perdimos por la culpa de un puñado considerable de diputados y senadores inmorales que no escucharon  a su pueblo y votaron aborto por dinero, presiones políticas o cargos en el 2o21,  descubrí que a nivel espiritual GANAMOS.  Posiblemente muchos estarán pensando ¿Qué está hablando? ¿cómo pudimos ganar algo? ¿ganar qué?

Creo que somos seres espirituales en cuerpos carnales. Más aún la Fe Católica en su enseñanza, nos dice que la persona humana está dotada de un alma espiritual y mediante su entendimiento y voluntad es capaz de conocer la verdad y de amar el bien. “Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero” (n. 1704).

Durante todo el debate del aborto de 2018, miles de católicos participaron activamente en cadenas de rosario, de ayuno, misas y adoraciones. Con este inesperado y nefasto proyecto de Ley presentado por el Gobierno el 2020, me atrevería a decir que,  todo este cúmulo de oración se multiplicó.  Y no solo hubo mucha más gente orando, sino que hubo muchos más sacerdotes que se involucraron activamente, saliendo a la calle a guiar a su grey  y participando de las manifestaciones en la Plaza Congreso y en todos las plazas del país.

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Al día siguiente estuve triste como millones de personas, no solo en Argentina,  sino en el mundo ya que la noticia se esparció como reguero en las grandes cadenas. Pero somos “tan humanos” que no vemos los milagros, hasta que  escuché un audio que me llegó por chat con el mensaje maravilloso y profundo de un santo  sacerdote cordobés  me hizo ver lo que no veía. Me hizo llorar y entender como Dios escribe en reglones torcidos y que sus frutos siempre superan la maldad.

“Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que el quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad mejor”  decía Santo Tomás Moro. Esta frase me la pasó una amiga médica, una gran luchadora provida que sintió lo mismo al escuchar el mensaje.

Aquí comparto el mensaje adaptado para una mejor lectura del sacerdote de Córdoba. Preferí preservar su nombre, ya que no solo él sino muchos sacerdotes están viviendo situaciones parecidas. Lo importante no es el cartero, sino el mensaje.

Querida familia en Jesús y María, querida cruzada por la vida, a todos y cada uno de los que que han orado tanto, que han recorrido tantas cuentas del rosario sin pausa,  que han orado tanto en familia, niños, jóvenes, adolescentes. Que han ayunado, que han ofrecido dolores de cabeza y malestares. Y tantas adoraciones, eucaristías y tantas misas frente al Congreso. Y por los sacerdotes que han estado presentes y los fieles que han hecho una demostración de Fe enorme, les quiero decir que todo ese caudal espiritual de gracia no ha caído en saco roto.

!Gracias!. Gracias porque si bien esa potencia no ha salido disparada hacia al Congreso, un Congreso blindado con una sordera espiritual como una tapia y cegada totalmente, créanme que si ha salido disparada hacia los confesionarios, casas parroquiales, templos y los corazones.

Yo, en este tiempo, nunca en mi vida había confesado tanto y, sobre todo, nunca en mi vida había confesado tantos abortos. Tantas mujeres que han abortado, siendo ya adultas.

Nunca en mi vida había confesado a tanta gente, que no se había confesado nunca.

Nunca en mi vida había confesado gente, que había abusado y vino a confesarse de haber abusado.

Nunca en mi vida había acompañado a tantas mujeres que habían sido abusadas y vinieron y se abrieron con un sacerdote y me contaron. Nunca me había tocado esto.

Y ese es el caudal de todo lo que han hecho ustedes. Cada vez hay más gente que se confiesa gracias a las oraciones que no se pierden.

En un parroquia me pasó estoYa era tarde, yo estaba confesando y me tocaba presidir la misa y los fieles estaban esperando y  era mucha la gente y quedaba una última mujer para confesarse, yo quería cortar  porque estaba contra el tiempo, la vi desencajada llorando, estaba con barbijo. Le dije si querés hablar podemos quedar para un día en la en la semana y me dijo: Hace 28 años yo aborté. Yo nunca me arrepentí, yo no entré a la misa,  porque no voy  a misa. Nunca tuve fe, solo quiero decirle una cosa Padre,  cuando entré y lo vi en el confesionario a mi se me hizo una luz enorme y tuve conciencia de lo que cometí, del hecho que cometí con mi hijo”.

Esto podía haberle pasado a cualquier sacerdote, aquí no hay nada ningún carisma especial, es  María quien la llevó , es Jesús, es la oración de la gente la que produce esto. Ella sabía hasta el sexo de su hijo y cuando quiso seguir, se largó a llorar. Y me quedé  y la misa empezó  media hora después. Le dije al Señor, ocúpate de los fieles y yo me ocupo de tu hija.

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Esto es un muestra de los muchísimos casos que me han tocado. Espero que captemos todos el mensaje. El Señor me ha susurrado al corazón lo siguiente:  “Mis caminos no son los caminos  de ustedes. No tengan miedo, no se desesperen, no estén tristes, no lloren, tranquilos. Yo enjugaré sus lágrimas, pero mis caminos no son los de ustedes. Lo mío, no va por el lado del exitismo, del triunfalismo. Lo mío no va por el avasallamiento, por conquistar  los medios de comunicación y tener todo a los pies de forma tiránica. Lo mío no va por ahí. Va por la dulzura de tocar cada puerta del corazón que está roto. Va por la delicadeza de ir sanando cada corazón roto. Para mi, cada corazón,  no es una masa que manejo, que lavo la cabeza, un cuenteo para ganar votos.  No es una masificación, lo mío es  sanar cada corazón roto y como verás, hijo mío, hay muchos corazones rotos”.

Por eso, gracias. Gracias por todo ese caudal de oración,  por favor, no dejen de rezar. Ahora, más que nunca,  porque soy testigo de lo que he visto, mis ojos, mis oídos. Soy testigo de las conversiones que se han producido en este tiempo gracias a los ayunos y oraciones. Y saben, el corazón no pertenece al que lo rompe, el corazón pertenece al que lo restaura. El corazón de Argentina, ahora roto, lastimado  y partido por la vida del niño por nacer, va a ser restaurado por Jesús y por María Santísima. 

Argentina sigue perteneciendo a Jesús y María Santísima

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